"La renuncia" está situada históricamente en la década del 50, pero toda la puesta en escena se asemeja mucho a cierto realismo de los años 60. La obra escrita y dirigida por Marcos Rosenzvaig, estrenada por el Elenco Estable, plantea una historia clara y atractiva: la de un seductor de pueblo que termina estafando a sus amigos y a su familia. Luego de varios años de ausencia vuelve por el resto: un amor abandonado, una mujer que nunca dejó de pensar en él, y un combo que también incluye sus propiedades.

En el escenario, una vieja radio transmite publicidades y programas, como la pelea del Mono Gatica; con el trasfondo político entre peronistas y "gorilas", en el comienzo el autor sitúa la obra rápidamente en el tiempo.

Samek, tal el nombre del estafador, no distingue entre el bien y el mal, o peor aún, le da igual, y es de aquellos que cree que con sus mentiras y engaños "adorna a la vida". Pero, debe aclararse, cuenta con la complicidad de sus víctimas, porque ellos saben que, casi fatalmente, Samek los embaucará una y otra vez.

La obra, que seguramente podrá ser disfrutada por un público adulto mayor, se advierte como una escisión entre el texto y la puesta: por momentos, la puesta surfea el texto, sobrenada el drama, lo bordea, pero sin lograr ingresar a él, sin instalarse definitivamente.

No se acentúa el dramatismo y los conflictos aparecen como lenificados, debilitados. En esos momentos, puede señalarse, el costumbrismo le gana al realismo, cuando se destaca la descripción o ilustración de época a través de la historia. Y la composición de los personajes se plantea entre esos límites.